¡Ay, la bendición!

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Cada año las salas de parto de México reciben cerca de dos millones de “bendiciones”, seres humanos que, bienvenidos o no, llegan para ser usuarios de servicios públicos, recursos naturales y toda clase de elementos que el sistema deberá proveerles, eso, aunque no tenga suficiente para todos.

México es el país número once en sobrepoblación, a nivel mundial, una posición que nos acerca peligrosamente a los primeros lugares en atascamiento humano. No es difícil adivinar por qué los mexicanos cada vez vivimos en espacios más pequeños, viajamos más apretados en el transporte público e incluso hacemos más tiempo en la fila del banco.

Somos demasiados y la gran mayoría de nosotros no contribuimos a mejorar la situación, por el contrario, la agravamos al no tener proyectos de vida, propósitos

Solamente en la Ciudad de México hay casi 120 habitantes por hectárea, una densidad poblacional que supera en mucho la recomendada y se refleja en la saturación de los espacios habitacionales y de uso público.

La pregunta a todo esto es: ¿por qué si ya no cabemos, seguimos trayendo “bendiciones” a poblar este ya muy sobrepoblado país?

El control de la natalidad aún es un tema difícil para la cultura mexicana. La educación moralista y sesgada no ha permitido que la información fluya de manera correcta, pese a que está disponible. En pleno siglo XXI las personas en este país siguen teniendo hijos como si ganaran medallas por hacer eso, y además, sin conciencia alguna de cómo se educa una bendición para que no termine convirtiéndose en una maldición para la sociedad.

El resultado de toda esta inconciencia son niños y niñas que hacen padecer a compañeros, maestros, entrenadores, tíos, abuelos y todos aquellos que se crucen en su camino.

El hecho de que desees un hijo no significa que tienes bases económicas, morales y emocionales para criarlo como un ser humano y no como un monstruo. Basta con ver a la enorme cantidad de mujeres frustradas que pululan las escuelas, los parques y los consultorios psiquiátricos, luego de seguir las exigencias de la sociedad, respecto a su “obligación” de convertirse en madres, por encima de su derecho a cultivarse como seres humanos completos y felices.

Lo que más nos arde

Además de ser un país sobrepoblado, México es el país de los no deseados, de los basureros emocionales de generaciones de padres, que hicieron caso a la tradición y trajeron horribles bendiciones a este complicado mundo.

@ElArdidisimo

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