Hijos de Instagram

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¿Cuándo fue la última vez que imprimiste una foto?; la industria de la fotografía, como la conocimos quienes llegamos al mundo antes del año 2000, ya prácticamente no existe, es un sueño, una historia que los viejitos le contamos a los más jóvenes y que suena a nostalgia.

La popularización de Internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes con cámaras cada vez más avanzadas, han provocado que la magia de la fotografía, y el valor de tener una imagen especial como recuerdo, sean asuntos meramente comerciales, la masificación de la cultura en su máxima expresión.

Instagram es la red social de fotos más grande que hay hoy en día, y resume entre sus millones de seguidores, esta frivolidad con que se mueve la posmodernidad.

Una foto, otra foto, 400 fotografías después, es exactamente lo mismo, porque ya no atesoramos un momento, sino seguidores, likes, retweets, y todo lo que signifique frívola atención sobre nuestros rostros.

Hoy día, hay más de nueve millones de usuarios de Instagram en México, entre niños, jóvenes y adultos, que han caído en el juego de ser “fotógrafos” de su propio día a día, pequeñas estrellas del jet set virtual e ídolos de sus tres seguidores.

Es raro cómo funciona esto de las redes sociales en imágenes; la presión con la que tomamos una y otra, todas las selfies esperando que alguna salga bien, y no revele las patas de gallo y el acné, al mismo tiempo que vamos pasando de una página a otra, criticando, leyendo el detrás de personas iguales a nosotros, inseguras, pobres de bolsillo y de mente, que buscan aparentar lo que no son, aquello que no tienen, y todo el cerebro del que carecen.

Antes, cuando había que esperar a imprimir un rollo fotográfico para revelar nuestros horribles rostros en una imagen, solíamos valorar lo que ahí quedaba guardado, y lo conservábamos como tesoro, porque no había más. En la actualidad no hay más que borrar y hacer otra foto, otra, otra y otra, tantas, que perdemos la noción del número de archivos, pero también del valor de los momentos, porque estamos ocupados picando botones y pensando en la lonja que se asoma.

Lo que más nos arde

Los hijos de Instagram son todos aquellos, hoy jóvenes, casi niños, que nacieron a la sombra de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Quizá por su cabeza nunca pasará imprimir una foto, construir un álbum, y menos aún, sentarse a rememorar el día que en tomaron una imagen, que se quedó para siempre en sus memorias.

Es lo efímero de la época, así vivimos todos hoy, al ritmo de un botón, sin contemplación del lento, pero fugaz paso de los instantes más importantes de la vida, tal como si nos hubieran enseñado a despreciar al tiempo, como una cosa que pudiera rebobinarse y volver a comenzar.

@ElArdidisimo

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