¿Por qué da asco la televisión mexicana?

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En algún punto, México equivocó su camino para hacer televisión. Probablemente porque, desde que existe este medio en el país allá por los años 40, siempre ha estado dominado por enormes consorcios comerciales que no tienen más interés que vender, incluso a costa de la inteligencia y el sentido común de millones de televidentes.

Producciones baratas, escenarios de cartón, actores y actrices de lágrima fácil, sobreactuaciones que dan pena ajena, y encima, un montón de anuncios que no dejan de lavar el cerebro de los espectadores.

A los mexicanos nos mintieron; no son las marcas de México, no son los actores nacionales, no es “nuestro canal”, ni tampoco les abrimos la puerta para que entraran. Todo eso es un sueño fantástico, la realidad resulta mucho más abrumadora y es que nada nos pertenece, únicamente somos un número, una cifra monetaria que significa más o menos ventas de productos o servicios que, en su mayoría, ni siquiera necesitamos.

Y así llegamos al siglo XXI, con canales nacionales que provocan náuseas y nuevas generaciones que están creciendo vacías, al abrigo de mentiras promulgadas en los noticieros, las telenovelas, los programas “del corazón”, y las producciones de revista, pensadas para señoras que barren pisos y tallan calzones.

La inteligencia del mexicano está completamente subestimada en la televisión pública, y parece ser que no somos capaces de consumir otra cosa que no sean historias bobas de cenicientas y príncipes de 20 centavos. Eso siempre y cuando no estemos ocupados copiando producciones internacionales que, dicho sea de paso, nos salen honrosamente mal y terminan en pérdidas económicas para los muy fracasados canales de televisión.

Claro que hay sus excepciones, dos o tres intentos de hacer televisión inteligente y menos comercial, aunque la verdad es que el público mexicano tampoco se esfuerza en darles la audiencia necesaria para que existan.

Una realidad contundente es que los mexicanos tienen la televisión que quieren, la que les gusta y compran. Por eso los programas más exitosos son los peores, aquellos que tienen como bandera, el retraso mental y la estupidez.

Ni llorar es bueno en un país que consume lo más barato y otorga sus horas más productivas al bloqueo mental; un mexicano de clase popular, ve al menos cuatro horas de televisión abierta al día, específicamente a Televisa, que tiene el 70% de la audiencia, a nivel nacional.

Lo que más nos arde

Ya con esas cifras no vale la pena preguntar, por qué los niveles económicos, de educación y de desarrollo en México son tan bajos; mientras en países avanzados un alto porcentaje de la población concluye carreras universitarias, aquí uno de los programas con más televidentes tiene que ver con una rosa mágica, que se aparece para dar lecciones de moral.

@ElArdidisimo

 

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