La espiral de la violencia en México

Hace 15 años, la capacidad de asombro de los mexicanos frente a los actos de violencia e inseguridad, era mucho mayor que ahora. En ese entonces, saber de una balacera, un secuestro o un crimen, robaba la atención de la opinión pública, todavía indignaba; daba miedo, y hasta los noticieros pedían alejar a los niños de la televisión, cuando se trataban temas escabrosos, con tal de no llenarlos de miedos o imponerles imágenes de crueldad, innecesarias.

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Eso fue hace menos de dos décadas, y sin embargo, México hoy es otro, mucho más violento y hasta es un poco aburrido escuchar a diario noticias de muertos, descuartizados, desaparecidos y un gobierno al que, siendo sinceros, la situación no le importa en lo más mínimo.

Como todo en la vida, te suena ajeno, hasta que te toca o amenaza con acercarse a ti. La situación parece lejana, hasta que víctimas y agresores dejan de ser los grandes capos de la droga, y se vuelven los ciudadanos de a pie.

La mañana del 18 de enero del 2017, un menor de secundaria, en la ciudad de Monterrey, ingresó a su salón de clases y disparó contra cuatro personas –la maestra y tres alumnos–. Igual que en los casos que suelen suceder en Estados Unidos, donde estudiantes generan crueles matanzas contra compañeros y maestros, este joven de 15 años ingresó a la escuela con una pistola y la accionó, para terminar suicidándose frente a los sobrevivientes.

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Las historias de balazos y sicarios han dejado las páginas de los periódicos, para instalarse en la vida diaria, entre niños y jóvenes que ya nacieron en un país violento, y evidentemente, no están generando en sí mismos una capacidad para dimensionar la trascendencia de este tipo de acciones.

Hasta ahora sólo se sabe que su nombre era Federico, tenía menos de 15 años y padecía depresión. Igual que en los casos del país del norte, aparentemente nadie supo ver que necesitaba ayuda y que estaba en peligro.

El contexto no es mejor, justo nos encontramos en un punto álgido del hartazgo hacia el gobierno de México; parece que la situación no podría empeorar y el crimen está fuera de control, nos dominan las imágenes de violencia ciudadana, en todos los contextos sociales, y nadie en este país tiene idea de qué hacer con su ira.

Sólo en 2016, en este país fueron asesinadas más de 24 personas cada día, haciendo que ese fuera uno de los años más cruentos, desde que inició la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

Lo que más nos arde

Hoy en día, los mexicanos son como máquinas ciegas, robots ignorantes que están una y otra vez estrellándose contra la pared, sin que alguien pueda indicarles hacia dónde está el camino, o la salida a su enorme pesadilla.

Por desgracia, el caso de Monterrey no va a ser el único, habrá que esperar otros estallidos de enojo social, especialmente entre los más jóvenes, que son las víctimas más inocentes de esta interminable espiral de violencia.

Como todo lo que sube, tiene que bajar; quizá cuando México termine de tocar fondo en el tema de la violencia, las víctimas como Federico y sus compañeros, quedarán para la historia como precedentes de una sociedad que se perdió a sí misma, para recordar que alguna vez hubo una generación de mexicanos, que nació y creció entre las armas, alimentada por el odio y la indignación, hacia un sistema completamente disfuncional.

@ElArdidisimo

 

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