¿Qué estamos tirando a la basura?

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Lo que depositamos en el bote de la basura hoy, será lo que componga nuestro mundo mañana. No hay nada que tenga más impacto sobre el planeta, que las decisiones que tomemos hoy sobre qué consumir, qué desechar y qué desperdiciar, aún cuando sea un recurso no renovable.

Nuestro bote de la basura dice tantas cosas sobre nosotros, que incluso pensarlo da miedo; ¿qué tanto cortamos una y otra vez con la vida, desechamos y volvemos a empezar?, ¿qué tanto nos aferramos a las cosas y sufrimos para dejarlas ir?, ¿qué tanta importancia le damos a lo consumido y qué tanto nos interesa lo que metemos o no al cuerpo y al alma?

Pensándolo bien, un bote de basura sabe de nosotros, incluso más que nosotros mismos, y puede decir hasta los secretos más oscuros de la personalidad.

Se calcula que en todo México se producen casi cien mil toneladas de basura al día, una cantidad impresionante e imposible imaginar; bolsas, botes de PET, latas, comida, llantas, muebles, animales y personas muertas, ropa, residuos industriales y de construcción, vidrio, papel, cartón y un montón de restos inclasificables, por ser altamente contaminantes y sin posibilidades de desintegración.

Pensar en todo lo que tiramos a diario, es darnos cuenta que somos una sociedad sucia, hundida en el consumismo estúpido y además autodestructiva, porque la historia no termina cuando se va el camión recolector, mucho más allá de eso, la historia sigue en bosques, selvas y hasta en el mar, que recibe millones de desperdicios (los cuales terminan en el estómago de peces, ballenas, tortugas y otras criaturas).

Lo que más nos arde

El planeta Tierra pasa hoy por un momento crítico, y no podemos seguir pretendiendo que sea el basurero de nuestras carencias intelectuales y humanas. Es tiempo de parar y atrevernos a mirar el camino de porquería que estamos dejando atrás, eso, antes de que la montaña de basura y moscas se nos venga encima.

Por ahora, sólo estamos condenados, como mexicanos y como humanos, a ver el mundo que tenemos, extinguirse, sin poder parar esta enorme cadena de gasto absurdo, desperdicio sin conciencia y destrucción acelerada de lo poco que nos queda.

Nadie puede dejar de consumir, es realmente complicado transformar por completo los hábitos con los que nacimos y crecimos, para tratar de salvar al planeta, y aún más difícil en un mundo apático, solitario, y donde a veces nos sentimos uno en millones. Entonces sólo queda espacio para la conciencia interior, un mínimo intento por entender por qué como sociedad vamos hacia la destrucción y la involución, observando así, que formas de vida, que asumíamos como más sencillas, respetaron al planeta y no lo dañaron, a diferencia de nosotros.

Y entonces, ese enorme basurero lleno de afectos, apegos y frustraciones banales, tendrá un significado cierto y real de lo que, como humanos significamos en nuestro paso por el planeta Tierra.

@ElArdidisimo

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