Del verde al gris de la Ciudad de México

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La Ciudad de México, que en su etapa prehispánica era un enorme lago rodeado de bosques y vegetación, es hoy una masa gris, sucia y apestosa, un enorme pedazo de hormigón en el que millones de chilangos se han encerrado para morir asfixiados.

Se calcula que sólo del siglo XIX al siglo XXI, esta ciudad perdió el 80% de sus áreas verdes, más de 500 hectáreas anualmente, aún cuando existen reglamentos que prohíben talar zonas boscosas y que han declarado enormes terrenos como áreas naturales protegidas.

Eso de las áreas naturales protegidas es un mal chiste, que alguna vez México se quiso tragar como un cuento serio. Ni en la capital del país, ni en ninguna otra ciudad mexicana, se han respetado al 100% las áreas naturales protegidas, ninguna ley ha podido más que los intereses económicos de aquellos que permiten la tala y la construcción, a cambio de sobornos millonarios.

Apenas en 2015, el gobierno federal recortó casi el 30% del presupuesto destinado a la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), con lo que se vio afectada la protección a las áreas naturales y el trabajo que antes venía haciéndose, para mitigar el cambio climático en todo el país.

Del año 2000 a la fecha, más de 51 millones de hectáreas de bosque y selva, perdieron completamente su vegetación, pasando a convertirse en zonas de cultivo o de habitación irregular, y eso sucedió, tanto en zonas urbanas como rurales.

No es la falta de hogares, ni el exceso poblacional lo que detona esta situación, es la acostumbrada corrupción que pone a los mexicanos a trabajar a la mala, siempre rompiendo las reglas, perdiendo el juicio por unos cuantos metros de terreno y dos centavos, aún cuando eso va en detrimento de quienes viven ahora y quienes vivirán mañana, en este contaminado país.

Basta con pararse en alguna de las zonas altas de la Ciudad de México para ver lo que hemos hecho. Una enorme mancha gris domina el paisaje, a lo lejos construcciones por miles y en las orillas la irregularidad: cientos de hogares levantados con la imaginación, sobre lo que eran los cerros que rodeaban a la capital, uno encima de otro, escondiendo cada uno, no solamente la corrupción de quien permitió construir en esas condiciones, sino la descomposición social de quienes nacen en la mugre y en la mugre morirán.

El Bosque de Tlalpan, la Marquesa, el Bosque de Chapultepec, los Viveros de Coyoacán, el Bosque de San Juan de Aragón y otros cuantos, muy pocos y cada vez menos, son los pulmones que todavía mantienen a esta ciudad respirando, exhalando un aliento gris que en algunas mañanas afortunadas nos permite ver, desde la calzada de Tlalpan, el esplendor que aún le queda al Popocatépetl.

Los periódicos anuncian el próximo colapso de la Ciudad de México, un acabose inminente por la excesiva demanda de servicios y la falta de planeación que priva; de nada van a servir los millones robados, cuando tengamos que nadar entre la mierda y exhalar hollín.

@ElArdidisimo

 

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