Discapacidad invisible

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Ser discapacitado en México es una especie de manto de invisibilidad, un pase para ser ignorado casi en automático, porque los mexicanos no tienen ningún tipo de educación que los lleve a preocuparse por los otros.

Es como al niño que no se le enseña a no correr en la fila del autobús; su único interés es entrar y ganar un lugar para sentarse, sin importar si tiene que empujar al resto de los usuarios o quitarle el lugar a alguien que lo requiera más, como un anciano o una persona impedida físicamente. Así se comporta, en general, la sociedad mexicana frente a la discapacidad.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que el 6% de la población en México, tiene algún tipo de discapacidad, relacionados la gran mayoría de los casos, con dificultades motoras como consecuencia de la vejez, defectos de nacimiento y accidentes.

Si a ese 6% de la población se le preguntara, cómo se siente respecto al trato que le da la sociedad en la que se desarrolla, probablemente contestaría que vive a diario situaciones de ignorancia y discriminación, empezando porque las ciudades del país carecen de infraestructura adecuada para ellos.

Peor todavía, en el servicio público no existe preparación para tratar a las personas con discapacidad y muchas veces se dan situaciones de maltrato o discriminación, simplemente porque quienes atienden no están preparadas para ello, y tampoco tienen la disposición para hacerlo.

Y así, la lista de situaciones en las que México segrega a las personas con capacidades diferentes es muy larga, aún cuando incluso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se ha pronunciado porque las cosas cambien y se haga un lugar en la sociedad para ellas.

Lo que más nos arde

Hay algunas campañas mediáticas que dicen trabajar a favor de las personas con discapacidad, sin embargo, lo que hacen es darnos un sermón sobre por qué darles dinero nos haría mejores personas, y nos permitiría dormir con la conciencia tranquila respecto a las maldades que, como buenos seres humanos, hacemos día con día.

El punto no es menospreciar a quienes tienen otras capacidades, sino incorporarlos, darles un lugar en la sociedad como se le da a todo el mundo, porque eso es lo justo, lo que debería ser para cualquiera que exista y se considere ser humano.

Casi el 30% de los discapacitados en México, asegura haber vivido situaciones de discriminación o estigmatización. Y ni qué decir de la discapacidad visual, con esa absurda tendencia de los mexicanos a despreciar a los animales, difícilmente pueden usarse los perros guía, para ayudar a las personas con ceguera.

Cuando parece que la tendencia del resto del planeta es hacia la sensibilización, respecto de la condición humana y sus necesidades, en México caminamos hacia atrás, nos volvemos mucho más intolerantes, indiferentes y egoístas para con nosotros mismos y los demás.

@ElArdidisimo

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