¿Por qué no me gusta mi cuerpo?

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Las mujeres mexicanas, en general, son morenas, de cabello oscuro, baja estatura y con caderas pronunciadas. La genética del país es así y no hay manera de negarla, sin embargo, es evidente que hoy, más que nunca antes, ellas están respondiendo a estereotipos lejanos, fuera de su realidad y que provocan una frustración generalizada al ser inalcanzables.

México es, a nivel mundial, el primer consumidor de tinte de cabello rubio, lo que dice mucho de un país en donde la mayoría no tienen ese tono, ni tampoco características físicas que vayan de acuerdo con eso.

Hay entonces una especie de herencia cultural, enseñanzas de generaciones atrás, que nos enseñaron a las mexicanas a no estar conformes con sus físicos, a imitar modelos y estereotipos de otros países, y convertirse en híbridos de algo que no son, ni existe, porque no encajan allá, pero aquí tampoco.

Y ni hablar del asunto de las tallas. Las latinas en general no son mujeres talla cero, sin embargo, en México las tiendas más exitosas parten de esa medida para vender sus productos, y aquella que no entre en ese rango se considera gorda y descuidada, o sea el 95% de la población femenina del país.

Todas estas reglas impuestas por el sistema comercial, han llevado a que las mujeres tengan una distorsión sobre sus propios cuerpos. Por desgracia, casi a ninguna le enseñaron que antes que tratar de encajar, tenía que quererse a sí misma y cumplir con sus expectativas personales, metas y sueños.

Casi un 30% de las mujeres mexicanas menores de 20 años, padecen algún trastorno alimenticio, propiciado por la insistencia de los medios, la sociedad y los estereotipos importados del extranjero. Es una cifra alarmante si pensamos que son personas poco satisfechas con sus cuerpos y que se obligan a prácticas como la anorexia, la bulimia e incluso la vigorexia, en un intento por querer tener figuras envidiables.

Es triste pensar que millones de niñas, ahora mismo, están siendo formadas en el mismo sentido, pensando que el culto al cuerpo es lo ideal y que deben tratar de entrar en los moldes, cueste lo que cueste y en todos los sentidos: talla, color de piel, cabello y hasta estilos de comportamiento. Y teniendo cuidado de no desentonar, porque entonces se enfrentarán a las etiquetas, el rechazo y la frustración eterna, de no poder ser, aquello que no son.

Lo que más nos arde

¿Quién manda a las mexicanas?, ¿hasta dónde es sano el juego de ser delgadas, rubias y depiladas?, ¿a quién favorece la imposición de la belleza estereotipada como un factor obligado para existir?, ¿quiénes son las mexicanas, entonces, si no son esas mujeres llenas de maquillaje y subidas en tacones que parecen rascacielos?

Todas estas preguntas hablan de una enorme pérdida de identidad que debería preocuparnos, no es sano el no saber quiénes somos, más allá de lo que nos dicta el medio y además enseñarle eso a los más jóvenes.

Vivimos en un mundo plagado de modelos a seguir, nos inundan imágenes absurdas sobre quiénes deberíamos ser, y vivimos comparándonos con quienes no somos. Es un sistema operativo de frustración, que nos está matando lentamente.

@ElArdidisimo

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