La verdadera tarea del conductor resignado

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Hablar de consumo de alcohol es bastante más serio de lo que puede aparentar. Todos, o casi todos, fuimos alguna vez el irresponsable que se subió con el borracho al auto, o el borracho que manejó el auto cuando no podía ni ponerse de pie. Y no es que estuviéramos buscando emociones fuertes o el camino a la muerte, es que el alcohol relaja, desinhibe y bloquea los reflejos físicos y mentales, a cualquier edad y bajo cualquier condición.

Ya está más que repetida la historia de ese que convirtió en puré a sus cuatro amigos en pleno Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, por haber mezclado alcohol, drogas y una velocidad de 180 kilómetros por hora en un BMW. Es una anécdota dura, pero no es nueva, porque a diario este tipo de excesos al volante cobran muchas vidas.

No importa cuántos alcoholímetros, retenes o programas de conductor designado se planten afuera de los centros nocturnos, basta un gramo de irresponsabilidad de un sujeto cualquiera, para hacer posible una tragedia de consecuencias irremediables.

Al menos 24 mil personas mueren cada año en México, por accidentes de auto, provocados por consumo de alcohol; cada caso completamente evitable, si hubiera algo de conciencia al respecto.

Y lo más extraño es que, incluso en países desarrollados y con niveles de educación elevados, estas cifras no se han podido reducir durante años. Miles siguen muriendo en sucesos donde se involucran velocidad y alcohol, y como sociedad del siglo XXI, sigue sin entrarnos en la mente, que la diversión no está peleada con la conciencia.

El famoso “conductor designado” es un programa que, apoyado por instituciones, organizaciones de la sociedad civil y hasta por los mismos establecimientos, busca que cada grupo de amigos que visita un sitio donde se vende alcohol, pueda otorgar la responsabilidad a alguien de no beber, y llevar a salvo a todos de vuelta a casa.

Es un plan sencillo, pero que puede salvar muchas vidas y evitar las secuelas que deja un accidente automovilístico, provocado sólo porque alguien no contuvo sus ganas de beber.

Y es cierto, resignarse a ser el conductor designado sería, en casi todos los accidentes, el detalle que hubiera hecho la diferencia en el final de la historia.

Lo que más nos arde

Amigos, primos, compañeros, hermanos, hijos, alumnos, vecinos o simples conocidos, no importa, todos hemos tenido cerca la pérdida de alguien que murió, porque el conductor a cargo no se resignó a guardarse la fiesta para otra noche.

Son cosas que suceden todos los días, pero arden mucho porque no deberían ser, son errores humanos que resultan de instintos primarios, casi meras casualidades que cuestan mucho más que una simple borrachera.

Sus nombres ya no importan, hoy todos sabemos que eran los ocupantes de un BMW y murieron bajo toneladas de fierros retorcidos, en una de las avenidas más concurridas de la capital mexicana, y por culpa de un conductor en estado de ebriedad.

Ya nunca serán padres, no volverán a salir de fiesta o a ver el amanecer capitalino en pos de una resaca, tampoco abrazarán a sus padres o contarán las anécdotas de la fiesta del día anterior. Hoy figuran como una nota roja más, en el periódico del día y aún sin ellos la vida sigue caminando.

@ElArdidisimo

 

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