Adiós a la escuela tradicional

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Mientras los métodos educativos más actuales defienden asuntos, el aprendizaje por competencias, la lectura como base y los conceptos significativos para no aprender de memoria, las escuelas tradicionales en México siguen usando las mismas técnicas de hace 40, 50 y hasta 70 años, para enseñar a los niños del siglo XXI.

Es verdad que el conocimiento tiene bases que no son excusables, ciertas cosas que hay que aprender, porque son centrales para comprender al mundo y comunicarse, sin embargo, es lógico que los estudiantes de hoy no tienen los mismos intereses, ni las mismas maneras que los de hace varias décadas.

Aunado a lo anterior, los niños y jóvenes de la actualidad viven en un mundo que se los da todo, la información es basta y fácil de encontrar; uno pensaría que en estos tiempos no hace falta ni aprender a usar un diccionario o un mapa, basta con acudir a “San Google” y todo está hecho.

¿Qué tan cierto será que ya no necesitamos los libros, las bibliotecas, las escuelas o los maestros, porque tenemos teléfonos inteligentes, iPad, Siri y todos esos chismes?

Un mundo apocalíptico en la actualidad, sería uno en el que las redes de Internet desaparecieran. Entonces, ya extintos los libros y olvidado el conocimiento en las mentes humanas, las personas pasarían a ser criaturas primitivas, auténticas bestias incapaces de prender, ni siquiera una hoguera con dos ramitas.

Lo que más nos arde

Las escuelas tradicionales en México no están contemplando la tecnología como factor útil de aprendizaje, pero tampoco refuerzan las habilidades básicas de estudio como armas de sobrevivencia, herramientas que siempre han sido, son y serán útiles, para resolver las circunstancias de la vida.

Los que fuimos a la escuela básica y hoy somos adultos, difícilmente hemos olvidado lo que ahí aprendimos. La pregunta es qué pasará si los que hoy son niños, distraídos por el mass media y la facilidad con que todo se les presenta, no aprenden cosas tan sencillas como la comprensión de lectura, la ubicación de los puntos cardinales o la importancia de saber el teléfono de casa, ¿sobrevivirán entonces a un apocalipsis?

La idea del fin del mundo como lo conocemos, no es tan descabellada, simplemente hay que pensar en un desastre natural, capaz de apagar las señales de los celulares, el Internet y las computadoras. La gran mayoría, cual ratones encerrados, no sabrían qué hacer ni para dónde mirar, quizá ni siquiera cómo marcar un teléfono tradicional para pedir ayuda (¿alguien recuerda el número de emergencias de su ciudad?).

@ElArdidisimo

 

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