¡Ya somos muchos!

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Los cuneros de cualquier hospital en México están siempre para reventar, la lista de espera en las escuelas de educación básica es larga, escasean los rollos de papel de baño en las tiendas, y el transporte público parece transporte de pollos al matadero, en cualquier ciudad de este territorio.

Se calcula que en México nacen cuatro bebés por minuto, una cantidad enorme de personas que, a mediano plazo, van a requerir espacio, servicios públicos, recursos naturales y hasta aire para sobrevivir. Y eso, multiplicado por millones de personas, nos da como resultado una país en estado grave de sobrepoblación.

No es muy difícil notarlo, basta con pararse en la fila de las tortillas cualquier día de la semana o incluso tratar de atravesar una avenida grande de la Ciudad de México, en una mañana de domingo; la sobrepoblación se nota a kilómetros de distancia, por las enormes masas de gente que van y vienen por todas partes, como si se tratara de hormigas sacando la tierra, en un terreno infértil.

Ni la pobreza, ni las enfermedades mortales, ni siquiera la violencia, nada ha logrado reducir en un mínimo la enorme cantidad de población que hay en México. Los mexicanos se han vuelto los chinos del siglo XXI, con alimentos racionados y hogares que parecen cajas de zapato, y sin hacer caso a control natal alguno, lo que convierte al país en uno de los once más habitados del planeta, con todo lo malo que eso implica.

Menos oportunidades educativas, contaminación del agua y del aire, organismos sanitarios saturados y deficientes, espacios públicos reducidos, y encarecimiento de la calidad de vida. Los mexicanos atraviesan hoy, un momento crucial, en el que debieran dejar de reproducirse, parar su fábrica de hijos, para asegurarse el futuro y la sobrevivencia, antes de que las cosas se pongan aún más difíciles.

México está en el límite, al borde de un abismo poblacional, al que se van a ir millones si la burbuja se revienta, porque el problema no es de espacio, es de sobre explotación de los recursos que se necesitan, para dar de comer día y noche a millones de almas en un territorio que ya está más que acabado, un sistema alimentario más que muerto, tierra que ya no produce, y agua que se evapora al ritmo del cambio climático. ¿Cómo lo haremos?

Hace más de 30 años se creía que este país había llegado a su tope poblacional, y las cifras comenzarían a descender; tres décadas después seguimos teniendo hijos como si fueran piedras, la población no decrece y ya somos más de 120 millones de apestosos, sudorosos y obesos mexicanos, pululando las calles y robando oxígeno al resto del mundo.

Lo que más nos arde

Habría que colocar letreros enormes en las carreteras del país, camino a hoteles y moteles, afuera de las farmacias y hasta en los periódicos de circulación nacional: ¡Ya se inventó la anticoncepción! Y esperar a ver si, los que ya estamos en esta vida, podemos respirar un poco mejor y alcanzar lugar en el camión.

@ElArdidisimo

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