La destrucción del paisaje urbano de la CDMX

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La Ciudad de México es en extremo distinta a como era hace 60 o 70 años. El acelerado crecimiento de la población y de las industrias nos robó el paisaje, en cuestión de unos cuantos parpadeos, tan rápido que hoy casi ni como habitantes reconocemos el sitio en donde estamos parados.

La transformación de la estética urbana de la Ciudad de México, ha sido mucho más rápida y destructiva que su desarrollo, resultando entonces en un híbrido extraño de algo que no tiene sentido, carece de forma y deja de lado las estructuras humanas que componen a la sociedad. En el mismo sentido, los habitantes ya no son importantes, importan más que ellos las estructuras de concreto, los estacionamientos y las cortinas de las tiendas que se traducen en billetes (los que por cierto casi nadie ve).

Por desgracia, la explicación a esos cambios avasalladores no se encuentra en una pretensión de progreso civilizado o en la evolución de la forma de vida, sino simplemente en las ambiciones económicas y los cotos de poder, que han llegado para descomponer a la ciudad y a sus habitantes.

El fenómeno de la gentrificación en la CDMX va acompañado de enormes sumas de dinero, funcionarios públicos que han ido vendiendo los espacios que eran de los habitantes y de la misma ciudad, enormes mafias inmobiliarias que no tienen escrúpulos para comprar y construir, sin considerar la calidad de vida que roban y los servicios que no pueden proveer.

Sobre todo en los últimos cinco años, la capital del país ha visto crecer edificios como si fueran hiedras saliendo del asfalto; zonas que antes eran populares se han transformado en áreas de lujo, con rentas elevadas y problemas de tránsito y abastecimiento de agua. Y realmente no es que eso se pueda hacer, porque al menos en la ley se prohíbe concentrar tanta población en áreas tan pequeñas, o sobrepasar cierto limite de pisos por construcción, reducir las áreas verdes o ensuciar el paisaje urbano con áreas comerciales.

Por desgracia la ley es letra muerta cuando hay dinero de por medio, y mientras unos se llenan los bolsillos, la población de la capital está cada vez más apretada, con menos calidad de vida y siendo empujada lentamente hacia la minimización social.

Lo que más nos arde

Espacios para ver, estar, y convivir se han perdido con el tiempo en la capital del país, de ahí que muchos piensen cosas como que aquí ya no es posible vivir, que el ritmo es demasiado acelerado o los matices demasiado crueles, como para ser una sociedad mental y físicamente sana.

Hoy en día los capitalinos viven una especie de apocalipsis que viene desde dentro, como una erupción interna que está reventando las estructuras urbanas, un terremoto lento, pero mortífero, que revienta los cimientos de la ciudad, literalmente, y pone a bailar los pilares de la vida.

Será que quizá dentro de no mucho tiempo, la Ciudad de México terminará por expulsar a sus propios habitantes, volviéndose un lugar negado para la vida humana, abandonado por necesidad y cementerio de promesas urbanas que se perdieron con los años. Es probable que estemos caminando hacia ese abismo a un paso seguro y no tan lento.

@ElArdidisimo

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