Se nos acaba el chocolate

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El planeta Tierra es el único que conocemos, al menos hasta ahora, donde existen el chocolate y todos sus irresistibles derivados. Y aunque sabemos eso, nos ha servido de muy poco, porque nos acercamos a su extinción.

Vivimos hoy las consecuencias inevitables del cambio climático, la modificación de los ciclos normales de la naturaleza está haciendo mucho más difícil producir alimentos, y eso incluye el cacao.

En la actualidad, México produce 22 mil toneladas de cacao, una de las cifras más bajas a nivel mundial, a pesar de tener territorio y condiciones climáticas ideales para su cultivo. Y es que los mexicanos no comen un kilo de chocolate al año por persona, debido a que el precio es cada vez más elevado, y cada vez menos personas pueden pagar por un producto auténtico; el mercado está inundado de versiones baratas de chocolate, que en realidad son manteca y colorante artificial.

Demasiada demanda a nivel mundial, el desgaste del suelo y la prioridad sobre otra clase de cultivos alimenticios, han hecho que cada vez se produzca menos cacao en todo el planeta. La ciencia calcula que para el 2020, esta planta podría extinguirse y con ella toda una parte fundamental de la gastronomía y la historia de la humanidad.

¿Qué haremos nosotros, simples mortales, en un mundo sin chocolate?, ¿qué pasará cuando el pastel de chocolate, la malteada y hasta el Carlos V, sean solamente un recuerdo del pasado?

Suena horrible, pero la verdad es que en el mundo ya hay demasiados seres humanos y los recursos naturales, en general, ya están en un grado de sobrexplotación que está fuera de control. Y lo mismo le sucede al cacao, que pertenece a una industria multimillonaria, controlado por unas cuantas empresas, que ponen precios a su antojo y manejan un mercado sobredemandado.

Al menos en México, esta crisis ya es algo real y tangible; el 90% del chocolate que se consume en el país no es auténtico, sino una imitación hecha de manteca, con un porcentaje mínimo de cacao que permite mantener un precio accesible para la mayoría de los consumidores, quienes, por cierto, tampoco parecen muy interesados en consumir chocolate real.

Lo que más nos arde

No solamente es una golosina, el chocolate es parte de la historia de México, consumido desde la era prehispánica y una herencia ancestral, algo que no le debemos a los europeos ni a los gringos, pero que tampoco hemos querido conservar como auténticamente nuestro.

Como siempre sucede, México tiene el potencial, la tierra y las semillas, pero carece de esperanza y de interés de los suyos, para poder salir adelante.

@ElArdidisimo

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