¿Vas al FICM?

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Ojalá alcanzaran los presupuestos que se destinan a la cultura en México para hacer eventos, festivales, clases magistrales, conciertos, proyecciones, exposiciones y un montón de actividades de carácter público y gratuito. ¿Por qué si pagamos muchas de las actividades culturales con nuestros impuestos, tenemos además que pagar entradas que no son accesibles para todos?

El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), es uno de los eventos culturales más cacareados del país y cada año se crea una expectativa enorme respecto a los estrenos que presenta.

Hay que admitir que, lejos de ser un encuentro de amor por el cine, el FICM es una reunión de la socialité nacional y una cita netamente comercial; la verdad, la mayoría de los filmes exhibidos son de una calidad menor, cintas taquilleras, que sirven de pretexto para traer a actores o directores que llenen las salas de fanáticos.

Morelia es una ciudad pequeña, caracterizada por su enorme oferta cultural, pero víctima de la ambición de empresarios y políticos. Es así que el FICM no es más que un negocio al que poco le interesa fomentar el cine por sí mismo, y menos aún le importa que los morelianos puedan acceder a sus eventos.

Hay que admitir que el FICM tiene su propia importancia, y a lo largo de muchos años ha logrado poner en el mapa a productores independientes, contadas cintas que sí valieron la pena, entre un montón de basura.

Encima de todo, este evento cuesta dinero a los michoacanos, eso aunque ellos no tienen acceso a la mayoría de las proyecciones, a menos que sea comprándole boletos a Cinépolis, empresa de Organización Ramírez que exhibe las películas del FICM en sus salas, y aprovecha para, bajo el discurso absurdo del fomento a la cultura, seguir haciendo negocio.

¿Por qué pagan boletos, si ya pagaron ese evento con sus impuestos?

Además, hay que agregar que el FICM es un festival verdaderamente elitista, también con impuestos se pagan fiestas, comidas, reuniones y proyecciones especiales, a las que sólo algunos privilegiados tienen acceso, llámense actores del jet set, políticos, familiares y amigos de éstos, empresarios y otros más de ese mundillo de la socialité mexicana. El resto, bola de mortales que pagan y vuelven a pagar, se quedan afuera.

Lo que más nos arde

Hay muchos festivales de cine en México, referentes a todas las temáticas posibles y de carácter independiente, accesibles al público y generalmente gratuitos. Esos eventos y sus organizadores no acceden ni al 1% del presupuesto que se le otorga al FICM, y eso es sólo porque no representan un negocio para el gobierno, ni involucran la presencia de los políticos y sus hijos juniors.

El problema no está en el FICM ni en sus organizadores, sino en el público que lo sigue y compra su boletaje. Habría que preguntarnos, qué tan mal está la sociedad mexicana, como para ser capaz de pagar estos abusos, y además consumir productos de tan baja calidad.

@ElArdidisimo

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