Flexibilidad o precariedad: lo que esconden las plataformas digitales

En el discurso corporativo de empresas como Uber, Didi, Rappi y otras plataformas de reparto, se promueve la idea de ofrecer una forma de empleo novedosa: sin jefes, flexible y con oportunidades para generar ingresos propios. Sin embargo, múltiples investigaciones y testimonios apuntan que detrás de este modelo se oculta una nueva forma de explotación laboral, marcada por la precariedad, la inseguridad y la falta de derechos fundamentales.

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¿Realmente es flexibilidad?

Desde su aparición, las plataformas digitales se presentaron como promotoras de la libertad laboral: tú eliges cuándo trabajar, fijas tus propios horarios y eres tu propio jefe. Esta narrativa no resiste un análisis crítico profundo, pues se ha señalado que muchas de estas empresas clasifican a las personas que prestan servicios como contratistas independientes, y no como trabajadores, con el fin de evadir la responsabilidad de otorgar derechos laborales y prestaciones sociales. 

Este tipo de clasificación permite que las plataformas paguen por debajo del salario mínimo, eviten indemnizar en caso de accidentes laborales o enfermedades y eludan las contribuciones a sistemas de salud o pensiones. Además, las herramientas algorítmicas y los mecanismos de vigilancia propias de estas aplicaciones funcionan como instrumentos de control oculto —como si fuera un jefe invisible— que dicta rutas, tiempos y castigos, ya sea mediante la reducción de asignaciones o la suspensión de cuentas.

De este modo, detrás del discurso de “autonomía”, muchos trabajadores terminan sujetos a dinámicas laborales similares a las de un empleo subordinado, pero sin las protecciones ni garantías del empleo formal.

¿Qué sucede en México?

En el país, la situación de los repartidores y conductores que operan a través de plataformas digitales resulta especialmente preocupante. Un estudio reveló que, una vez descontados los costos de combustible, mantenimiento y seguros, ninguna de las principales plataformas garantizaba un salario digno, equivalente a 11,393 pesos mensuales en ese momento. 

Por su parte, algunas organizaciones han documentado que los repartidores perciben, en promedio, alrededor de 2,085 pesos a la semana, trabajan sin seguro médico, asumen por cuenta propia los costos de herramientas de trabajo —como el celular, el transporte o los insumos— y carecen de protección ante accidentes. 

Además, los repartidores —y, en general, los trabajadores de aplicaciones— están sometidos a jornadas extensas determinadas más por los algoritmos que por su propia voluntad. Aunque la posibilidad de “conectarse y desconectarse” forma parte de la retórica de flexibilidad, en la práctica quienes rechazan viajes o no cumplen con las metas establecidas pueden ser penalizados, recibir menos pedidos o incluso ser expulsados de la plataforma. 

Fuentes:

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