En la actualidad, resulta cada vez más frecuente que muchos jóvenes terminen desempeñando trabajos ajenos a la profesión que estudiaron. En México, por ejemplo, alrededor del 50% de los universitarios trabaja en algo que no tiene relación alguna con su carrera. Al mismo tiempo, más de la mitad de las empresas reportan dificultades para encontrar talento acorde a sus requerimientos. Esta problemática entre lo académico y lo laboral refleja una serie de factores que explican por qué tantos jóvenes terminan en roles distintos para los que se prepararon.
¿Qué sucede en el mundo laboral?
Una de las causas es la falta de oportunidades reales en ciertos campos profesionales. Aunque muchos jóvenes valoran la educación y aspiran a desarrollarse en lo que estudiaron, las vacantes especializadas resultan escasas. En México, el salario bajo, la poca demanda y las expectativas incumplidas con las carreras elegidas también están entre los motivos por los cuales los jóvenes deciden abandonar la ruta profesional esperada. Además, las empresas frecuentemente señalan que los recién egresados carecen de competencias adaptadas al mercado laboral, como lo son habilidades prácticas, experiencia relevante, capacidad de innovación, dominio tecnológico o competencias blandas.
Otro motor de ese fenómeno es la alta competitividad del mercado laboral. En muchas ocasiones, un número elevado de graduados (de una misma carrera o relacionadas) compiten por pocas plazas especializadas, lo que deja recurso humano preparado sin oportunidades de desarrollarse. Las empresas, por su parte, enfrentan retos para atraer personal con las competencias demandadas: en un estudio reciente, el 75 % de las empresas declaró tener dificultades para encontrar al talento que necesita. Esa brecha, entre lo que exige una empresa y lo que espera un graduado, genera un desfase persistente.

Aunque quizá el factor más significativo que empuja a muchos jóvenes hacia trabajos sin algún tipo de relación con su formación es la urgencia económica. Ante la necesidad de ingresos, algunos aceptan empleos de cualquier tipo, aunque no correspondan a su perfil académico, para cubrir sus gastos diarios. En México, uno de cada cuatro egresados trabaja en la economía informal. En ese escenario de precariedad, se pierde la inversión en estudios y el retorno profesional esperado. Junto a esto, muchos jóvenes admiten que el principal obstáculo para conseguir empleo es la falta de experiencia, seguida de la incompatibilidad de horarios y la disponibilidad para disfrutar su vida.
Este fenómeno tiene consecuencias negativas tanto para los jóvenes como para las empresas y la sociedad en general. Por un lado, los jóvenes terminan desplazados de trabajos para los cuales fueron formados, lo que puede generar desmotivación, rotación laboral y pérdida del capital humano invertido. En términos sociales, representa un desperdicio del tiempo, esfuerzo y recursos dedicados a formarse. Al mismo tiempo, las empresas quedan enfrentadas a vacantes difíciles de cubrir con candidatos que no satisfacen sus necesidades. Esto limita la competitividad y el crecimiento económico.
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